28 de Enero de 2018
La madre abadesa regresaba de una "visita conventual". El capellán, paquete en mano, salió a su encuentro. Madre, dijo, llegó en su ausencia. Nada más ver la letra lo supo: la caprichosa mano del destino había vuelto a emparejarles.
Bajo la capa protectora apareció, cual inmaculado manto azul
y plata, el primoroso envoltorio que ella acarició con dulzura antes de ser
retirado.
Y allí estaba, tan oscuro como la madera húmeda bajo la línea
de flotación de un galeón, en cuyo casco aparecía su nombre grabado en oro. Sonrió cómplice, satisfecha, emocionada.
Los maravillosos tesoros no tardaron en aparecer.
Para la Reverendísima Doña Marga, rezaba el sobre en cuyo
interior, bajo pena de excomunión, las palabras y el color habían atrapado
instantes que, aun no volviendo, permanecerían.
Como en un códice, una caligrafía, que a ella le parecía exquisita,
se teñía, de tanto en tanto, de pequeñas teselas rojas .
Y en el interior, entre el olor a cuero, a tinta, a papel, los
instantes, los lugares, los momentos, los colores le regalaban esta vez un
caleidoscópico y hermoso paseo.
Un paseo que ella debería completar. Un paseo que deseaba
tanto como temía, pero que sabía que habría de hacer si quería honrar tanto al valioso tesoro como a tan intrépido
viajero, aventurero y su regalador pirata, Joshemari Barbaplata.
La madre abadesa, aun a riesgo de excomunión, aun
contraviniendo la regla de pobreza de su monacal orden, se dirigió a su celda,
tesoro en mano.
¡Muchísimas gracias, intrépido pirata Barbaplata -Joshemari Larrañaga- , el
caprichoso destino me hizo, nuevamente, muy muy afortunada!
| Cuaderno de viaje artesanal 15x21: cubierta de cuero, con solapa y leyenda en dorado |
EPÍLOGO:
Amén del tesoro encuadernado, la reverenda madre
abadesa, Doña Marga, había recibido otro tesoro pintado. Una vieja
y encalada calle, junto a la muralla, del pintoresco, vetusto y egabrense barrio de la Villa.
¡Ni que decir tiene que a la "Reverenda Doña Marga", ¡Amén! Oyoyoyoyoyoyyyy... le ha encantado todo, Joshemari mío!
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Et mon ami invisible c'est.... Le pirate Barbaplata!
28 janvier 2018
Sous l’emballage protecteur il est apparu, tel qu’un voile immaculé bleu et argente, le ravissant papier qu’elle a caressé doucement avant de l’enlever. Et le voilà ! Il y était, aussi foncé que le bois humide, plongé sous la ligne de flottaison, de la coque d’un brigantin, son prénom gravé en or. Elle, ravie, satisfaite, touchée, a souri. Les merveilleux trésors ont commencé à apparaître.
Écrit sur l’enveloppe : pour la révérendissime Doña Marga. Et dedans, même en risque d’être excommuniée, des mots qui gardaient des moments qui, même en ne pas rentrant, resteraient.
Comme dans un codex,
sur la première page une belle calligraphie en noir, qu’elle a trouvée
raffinée, se teintait, de temps en temps, de petites touches de rouge.
Après,
entourés par l’arôme du cuir, du papier, de l’encre, les dessins et les
couleurs, l’offraient les moments, les endroits, les instants d’une belle
promenade. Une promenade dont elle avait peur et désir, mais qu’elle devait
continuer si elle voulait honorer le précieux cadeau et l’intrépide voyageur et
généreux ami, le pirate Joshemari
Barbaplata.
La mère abbesse, même en risque d’enfreindre la règle de
pauvreté, d’être excommuniée, embrassant le trésor, s’en est allée vers sa
cellule.
Merci beaucoup
mon cher ami, le pirate Barbaplata. Le capricieux destin, qui nous a joints de
nouveau, me rend très heureuse.
EPILOGUE : en plus de tous ces trésors,
encore une petite carte postale avec le dessin d’une vieille scène d’une rue du
vieux quartier de Cabra, la ville de naissance de Doña Marga.