Esta es la segunda sesión del cuadro; después de una hora he parado para hacerle una fotito. Lo cierto es que me gusta analizar las distintas fases de un cuadro, y por eso a menudo saco la cámara de fotos e inmortalizo el momento. Visualizando cada momento reflexiono y aprendo de los errores.
Os confesaré un secreto: la paleta de color que me he propuesto usar en este bodegón, y que, de hecho, es mi paleta básica y única. El mejor color no está en el tubo, sino en las buenas mezclas, por eso rehuyo los verdes de tubo y el negro. Así pues, voy a usar: azul ultramar y azul cyan, sombra tostada, siena tostada, ocre amarillo, amarillo limón, rojo cadmio, carmín y blanco. Los pinceles son planos, de cerda, de los números 4, 6 y 8, quizás un poco grandes para lo pequeño del cuadro, pero los prefiero así para aumentar la capacidad de síntesis.
En esta fase me he dedicado a manchar las superficies por igual; trabajar la totalidad del cuadro es fundamental, porque cualquier cambio localizado afecta a todo el conjunto.
Transcurridas otras dos horas, me empiezan a gustar algunas cosas, aunque aún queda mucho trabajo por delante. Aquí empiezo a notar la textura del fondo: por algún extraño motivo, suelen parecer hechos a pastel, y siempre tienen un toque impresionista. Aunque lo dejaré reposar para mañana porque la luz ya ha empezado a cambiar.